El gobierno de Estados Unidos ha implementado una nueva política que prohíbe a su personal gubernamental en China, así como a sus familiares y contratistas con acreditaciones de seguridad, mantener relaciones románticas o sexuales con ciudadanos chinos.
Según un informe de The Associated Press, esta política fue implementada por el embajador saliente de EE. UU., Nicholas Burns, en enero, poco antes de dejar su cargo en Beijing.
La decisión ha sido tomada con el objetivo de reforzar la seguridad nacional de Estados Unidos y prevenir posibles infiltraciones de espionaje por parte del gobierno chino, lo que ha elevado las tensiones entre ambas potencias.
La política se basa en la creciente preocupación sobre las tácticas de espionaje empleadas por los servicios de inteligencia chinos, que han sido acusados de utilizar seducción y coacción para obtener información confidencial de diplomáticos y personal estadounidense.
Aunque algunas agencias de Estados Unidos ya contaban con reglas estrictas sobre este tipo de relaciones en el pasado, no se conocía una política general de no confraternización desde la Guerra Fría.
Los documentos desclasificados han mostrado que durante esa época, Estados Unidos prohibió estrictamente las relaciones personales entre su personal y los ciudadanos de países considerados amenazas de inteligencia, como Rusia y China.
El contexto histórico de las políticas de no confraternización
Las políticas de no confraternización de Estados Unidos han sido una constante a lo largo de la historia, especialmente en países con regímenes autoritarios o considerados enemigos en la lucha de inteligencia.
Durante la Guerra Fría, las relaciones entre diplomáticos estadounidenses y los ciudadanos de la Unión Soviética y China fueron monitoreadas de cerca debido a los esfuerzos de espionaje por parte de los gobiernos de esos países.
En 1987, después de que un infante de marina estadounidense en Moscú fuera seducido por una espía soviética, el gobierno de EE. UU. implementó restricciones que prohibían cualquier tipo de relación íntima entre el personal estadounidense y los ciudadanos soviéticos o chinos.
Aunque esas restricciones fueron relajadas tras el colapso de la Unión Soviética en 1991, nunca se levantaron por completo en países como China.
Hasta enero de este año, las autoridades estadounidenses en China no tenían una prohibición explícita sobre las relaciones románticas o sexuales con ciudadanos chinos, pero sí se les exigía reportar cualquier contacto íntimo con los mismos.
Sin embargo, la nueva medida impuesta por Nicholas Burns amplía significativamente esta restricción y establece una política de prohibición general para cualquier tipo de relación personal con los ciudadanos chinos, independientemente de la situación laboral del personal estadounidense.
Solo en los casos de relaciones preexistentes podrán solicitarse excepciones a la norma, siempre y cuando se justifique con una solicitud formal. Si dicha solicitud es denegada, el personal deberá romper la relación o abandonar su puesto en China.

La nueva política y las preocupaciones por el espionaje
La implementación de esta política ha generado una gran cantidad de comentarios en los círculos diplomáticos, ya que, aunque Estados Unidos ha tenido siempre ciertas restricciones para sus funcionarios en países considerados sensibles, la prohibición de relaciones románticas o sexuales con cualquier ciudadano chino ha sido vista como un paso más en la intensificación de las tensiones entre Washington y Beijing.
De hecho, la medida también responde a informes previos que indican que Beijing sigue empleando tácticas agresivas para acceder a información confidencial de los funcionarios estadounidenses en China.
Según Peter Mattis, un exanalista de la CIA y actual presidente de The Jamestown Foundation, en los últimos años se ha documentado al menos un par de casos en los que agentes de seguridad chinos habrían utilizado el engaño y la seducción para intentar obtener información de diplomáticos y funcionarios estadounidenses.
Sin embargo, Mattis ha señalado que, aunque estos incidentes fueron reportados, no se tiene constancia de casos recientes, lo que no significa que la amenaza haya desaparecido.
El gobierno de Estados Unidos ha advertido durante años a su personal en China sobre la posibilidad de ser blanco de operaciones de espionaje sexual, y se les ha instruido sobre cómo identificar y evitar situaciones de coacción.
Se sabe que agentes del Ministerio de Seguridad del Estado de China (MSS) han recurrido a tácticas de seducción, enviando mujeres atractivas para ganarse la confianza de diplomáticos estadounidenses.
Este tipo de operaciones de inteligencia han sido conocidas desde la Guerra Fría y, a pesar de que la tecnología ha avanzado, continúan siendo una táctica utilizada por varios gobiernos, incluyendo el chino, para obtener información sensible.
La política de no confraternización no solo busca proteger la seguridad nacional de EE. UU., sino también garantizar que los diplomáticos y otros funcionarios no sean vulnerables a situaciones que puedan comprometer su integridad o la de su país.
Se argumenta que cualquier ciudadano chino que entable una relación con un diplomático estadounidense podría ser coaccionado o intimidado por las autoridades chinas para obtener información confidencial.
Como resultado, el gobierno de Beijing ha sido acusado de aprovechar cualquier conexión humana con fines de inteligencia.
Impacto en las relaciones diplomáticas
La medida también ha sido vista como un reflejo de las crecientes tensiones entre Estados Unidos y China, que han aumentado en los últimos años debido a disputas comerciales, tecnológicos y geopolíticas. La prohibición de relaciones románticas podría ser interpretada como una escalada en el conflicto diplomático entre ambas naciones.
En el terreno de la inteligencia, se sabe que los servicios de espionaje de Beijing han estado involucrados en una serie de actividades que incluyen el robo de propiedad intelectual, ciberespionaje, y otros actos que son considerados una amenaza para los intereses de EE. UU. y sus aliados.
Además, la política refuerza las restricciones impuestas por el gobierno chino a sus propios funcionarios. Según reportes, Beijing ha endurecido sus controles internos sobre el comportamiento de sus diplomáticos y empleados, especialmente en lo que respecta a sus relaciones personales con extranjeros.
El gobierno chino prohíbe a sus funcionarios tener relaciones con ciudadanos extranjeros o incluso cambiar su estatus de ciudadanía, especialmente si son asignados a puestos diplomáticos importantes.
La implementación de restricciones mutuas en ambos países refleja no solo la competencia geopolítica y la desconfianza en las relaciones diplomáticas, sino también un enfoque más riguroso en la seguridad nacional que busca prevenir el espionaje, ya sea a través de técnicas tradicionales como la seducción o métodos más modernos de ciberespionaje.
Con información de El Financiero
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